Catedral de Braga

Braga
Descripción

Horario:
8h ás 18h30

Precio:

Boleto Normal 2€

- Visita al Museo, Catedral, Capilla y Coro Alto - 5€;

- Visita al Catedral, Capilla y Coro Alto - 3€;

- Visita al Museo - 3€.

Los boletos pueden ser comprado en la Catedral.

Lo servicio de visitas guiadas, depende de la ruta elegida, y que incluye una visita a la sacristía, se ejecutará en los siguientes horarios, del lunes à viernes, incluyendo:10,00h;11,30h;14,30h;16h.

En estos tiempos, la Catedral ofrecerá las guías, así que el grupo desee.

Estará disponible de forma gratuita para oración, la Capilla de Nuestra Señora de la Piedade, entrada en la Rua do Souto.

Santa Maria de Braga, matriz de la devoción de Portugal a la Virgen es el mejor testimonio continuado de la ciudad bimilenaria. Tambien aquí el Barroco se impulso a los estilos precedentes, con el sentimiento de ser el único legitimamente fundado y al mismo tempo infalible (H. Wolfflin). Esa superación se inicio en el mandato del Arzobispo D. Rodrigo de Moura Teles (1704-1728), continuando por todo el siglo XVIII.

La diócesis de Braga fue creada en el siglo iii, pero la Historia la confirma tan solo a partir del año 400. El actual edificio está implantado sobre otra construcción religiosa que, posiblemente, fue la anterior catedral.

Fue el obispo D. Pedro (1070-1093) quien dio inicio a la obra de la actual Catedral. Después de él casi todos sus sucesores quisieron dejar su marca, ya fuere con pequeñas alteraciones o a través de obras mayores. El Cabildo, a quien pertenecía el gobierno de la Catedral, también imitó a los arzobispos en los períodos en que la Catedral quedó vacante.

El hecho de presentar dos torres en la fachada la aproxima a las grandes catedrales del románico portugués, aunque al paso de los siglos haya sufrido muchas modificaciones: un pórtico de finales del siglo xv, cerrado en el siglo xviii por la bellísima reja de fierro que el arzobispo D. Diogo de Sousa (1505-1532) mandara hacer para proteger la capilla mayor; y, también en la fachada, la gran piedra de armas del arzobispo D. Rodrigo de Moura Teles (1704-1728), el edículo y el coronamiento de las torres, colocados en las primeras décadas del siglo xviii.

El interior, con tres naves, transepto y cabecera con cinco capillas, es profundamente austero. En el período barroco se abrieron grandes ventanas, se transformaron los altares, todas las paredes se cubrieron con estuco y pinturas;

Excepto la capilla mayor, todas las capillas de la cabecera mantuvieron las alteraciones de arquitectura y retablos que habían recibido en el siglo xviii.

En el coro alto, la sillería y los órganos, de talla dorada, son obras excepcionales de concepción y ejecución. La sillería (1737) se le debe al tallador y arquitecto de Oporto Miguel Francisco da Silva.

El claustro data de principios del siglo xix; reemplaza a otro, gótico, que estaba quedando en ruinas a finales del siglo xviii. Establece una relación con el Tesoro de la Catedral y con las Capillas de D. Lourenço Vicente, nombre del arzobispo que la reconstruyó – también conocida por Capilla de los Reyes – y de Nuestra Señora de la Piedad. En la primera, de estilo gótico, además del túmulo del arzobispo, se guardan los túmulos de los condes D. Henrique y D. Teresa.

En la Capilla de Nuestra Señora de la Piedad, fundada por D. Diogo de Sousa en 1513, se guarda el túmulo del prelado, obra de un artista anónimo de Coimbra, que tal vez sea el mismo que labró los túmulos de los padres de D. Afonso Henriques, dispuestos en la capilla anterior. La imagen original de la Señora de la Leche, obra de otro artista natural de Coimbra, el desconocido Maestro de los Túmulos Reales, se encuentra ahora aquí recogida. Y también merecen atención algunos de los retablos, como el de Nuestra Señora de la Buena Memoria, de estilo rococó.

Existen otras dos capillas, de implantación autónoma, que también forman parte del conjunto monumental. La Capilla de San Geraldo fue inicialmente construida en el siglo xii. Sufrió las más variadas alteraciones, sobre todo en el período barroco, habiendo sido su fachada totalmente rehecha durante la gran campaña de restauración de los años 40. El espacio interior, renovado por el arzobispo D. Rodrigo de Moura Teles, que aquí colocó su túmulo, tiene las paredes recubiertas de azulejos, atribuibles a António de Oliveira Bernardes.














Ubicación: Braga
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